viernes, 1 de noviembre de 2013


La pupusita salvadoreña


El otro día, no éste sino varios días o meses antes fui de compras a la feria del agricultor.
Esa es una experiencia única, folclórica y divertida. Caminar entre los vegetales, entre personas grandes y chichas, blancos y negros, entre plantas y comidas campesinas.

Lleve, lleve plátanos, papas y mangos...entre gritos y escándalos. La experiencia es fascinante. En medio de todo ello me detuve, quede paralizado, me ausenté de éste mundo por unos momentos mientras observaba a una señora preparando pupusa salvadoreñas. La manipulación de alimentos no era un tema conocido evidentemente. Todo estaba sucio y un poco más. 

Mientras miraba y pensaba que barbaridad, como pueden comer algo así, con nivel tan alto de contaminación. De repente la persona que cocinaba me dice: muchacho quiere probar, quiere una pupusa, están riquísimas... Mi respuesta es un rotundo: no gracias. 

La señora insistió y me dijo, muchacho yo se la regalo. No esperó mi respuesta. Tomó la pupusa con sus manos. Sin servilletas, ni platicos, con las mismas manos que manipulaban el dinero, sin alcohol en gel ni nada parecido. 

Me correspondió tomar el alimento, si se le puede llamar así. Yo pensé, esto me pasa por estar de vino. Quien me tiene viendo lo que no debo. Caminé un poco, me fui de allí lo más rápido que pude y regale la pupuista al alguien más. Moraleja: Ojos que no ven, corazón que no siente. 


Hasta la próxima queridos lectores.

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